NUNCA ES DEMASIADO TARDE

A todos nos ha pasado alguna vez. Simplemente hay momentos en la vida en los que sientes profundamente que has llegado a un callejón sin salida, donde sientes que aquello que estás viviendo no te representa, donde sientes que tomaste una decisión equivocada, que ya no te sirve o que te ha llevado a una zona de error. Entonces necesitas derrumbar todo lo que hay a tu alrededor y volver a empezar desde la casilla de salida otra vez, reconstruyendo tu vida desde tus propias cenizas cual ave Fénix para salir volando todavía más alto, con más fortaleza, sabiduría y poder. Quizá hayas abandonado tu actual trabajo, o cambiado radicalmente de profesión, quizá hayas dejado a tu pareja, o te hayas ido a vivir a otro país, o quizá, como es mi caso, lo hayas hecho todo a la vez.

Nunca es tarde para volver a empezar, para hacer todo aquello que siempre has querido hacer, para ser más libre, más feliz, más plena, más auténtica, más tú.

La vida es mucho más que el modelo de felicidad que nos han vendido:  Antes de los 35 hay que casarse o tener una pareja estable que te complemente, unos hijos que llenen tu casa de alegría (y de ninguna preocupación ni trabajo, claro) y un empleo fijo, donde pases ocho horas cada día que te permita pagar tu hipoteca y el colegio de los niños. A día de hoy soy mujer, tengo 37 años y no tengo ninguna de estas cosas que se supone que dan la felicidad. Ninguna. Debería estar deprimida según este modelo imperante, y sin embargo, hoy puedo decir que me siento más plena, libre y feliz que en toda mi vida. He soltado aquello que no me nutría ni me dejaba crecer, me he reconciliado con mi verdadera esencia, he aprendido a abrazar mi sombra, a escucharme, a respetarme y a amarme profundamente, a saber lo que me hace feliz y a dármelo constantemente. Sé quién soy, sé qué necesito en cada momento, y me lo proporciono a menudo.

Tengo personas maravillosas a mi alrededor que vibran como yo con las que puedo llorar si lo necesito, reír y divertirme. Trabajo de forma independiente en lo que me gusta y me hace feliz, colaborando cómo, cuándo y con quién quiero. Mi negocio aún no me ha hecho millonaria, aunque la verdad es que tampoco me hace falta, soy consciente de que el éxito llega a través de un proceso de enfocar la energía de forma continuada.

Y por último, y no menos importante, he aprendido a no preocuparme. Confío plenamente en la vida. Disfruto con lo que tengo aquí y ahora, (que la verdad, no es poco) sabiendo con certeza que mis sueños, aquello que mi corazón desea, llegará cuando tenga que llegar y de la mejor forma posible, como siempre ha sido, pues desde el momento en que lo deseo y confío, eso pasa a ser una realidad en un plano espacio temporal paralelo, que se materializará cuando esté preparada para recibirlo. De hecho, cuanto más confío y suelto, más permito que entre en mi vida todo lo que deseo. Bendigo y agradezco mi momento presente y mis procesos de evolución. Me siento infinitamente bendecida, libre y feliz. Esto es lo que hoy quería compartir. La vida es un regalo que hay que disfrutar al máximo, gracias Vida, gracias Universo porque todo es perfecto tal y como es si aprendemos a ver las cosas con la mirada correcta.

 Baila con la Vida

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *