TIENES TALENTO

Por mucho que nos empeñemos en negarlo, todos, absolutamente todos y todas, nacemos con grandes virtudes y capacidades innatas. Pero por desgracia, la mayor parte de las veces, las ignoramos, dejándolas arrinconadas en algún lugar de nuestra mente, sin prestarles la atención ni la práctica necesaria para que florezcan. De esta forma, no es de extrañar que, irremediablemente, las vayamos perdiendo con el paso del tiempo.
Recuerdo con bastante claridad mi período post adolescente, cuando no era más que una pipiola recién salida de la escuela, ya en los primeros años de universidad. Por aquel entonces, no llegaba a vislumbrar todavía, ni de lejos, cuál era exactamente mi verdadero talento. Suponiendo que tuviera alguno, lo cual no tenía demasiado claro. Tampoco sé exactamente qué hacía yo en la carrera de ADE y en particular, en las clases de microeconomía, que me parecían un auténtico calvario. Desde luego, había formas infinitamente mejores de pasar el rato, que estar calentando la silla mientras el profesor de turno explicaba un gráfico sobre la subida de la demanda. Con todo mi respeto y admiración por los economistas, pero definitivamente, aquello no era lo mío.
De forma casual, tal y como suele suceder todo en la vida, me fueron llegando las respuestas que necesitaba. Aquella vez fue en forma de libros, primero me llegó “Flow, una psicología de la felicidad” cuyo autor de nombre impronunciable,  Mihaly Csikszentmihalyi, se había pasado la mitad de su vida investigando sobre cómo las personas entramos en estado de flow desarrollando determinadas tareas.
Después leí los de un tal Ken Robinson, un británico nombrado Sir y experto en creatividad y educación. Sus best sellers “El Elemento” y su secuela “Conoce tu elemento” son de obligada lectura, para cualquier padre en período educativo, o bien para aquellos que todavía desconocen cuáles son sus verdaderos dones. Según Robinson, la educación actual es una de las principales razones por las que las personas no llegan a conectar con sus verdaderos talentos.
Hace ya más de 15 años que leer estas joyas me reveló una nueva visión sobre la educación y el talento humano. Gracias a ellos, muchas personas pudimos entender que, nuestras habilidades innatas, por lo general las creativas, no habían sido estimuladas durante el período escolar. Una vez tomé conciencia de esto, pude observarme mejor y dedicar todos mis esfuerzos a potenciar lo que yo intuía eran mis verdaderos dones. Desde entonces, cambié las clases de microeconomía por las de diseño y todo empezó a fluir de una forma casi mágica, llevándome a cotas de plenitud como nunca antes hubiera imaginado.
He conocido a muchas personas a lo largo de mi vida con grandes capacidades innatas, a las que no les fue demasiado bien en el colegio. Estas personas, se graduaron sin estar seguras de cuáles eran esas habilidades que les diferenciaba del resto y sin saber qué dirección debían tomar a continuación. La educación debería ser uno de los procesos principales que nos encaminara a descubrir y potenciar nuestros talentos. Sin embargo, con demasiada frecuencia, sirve para lo contrario. Citando literalmente a Sir Ken Robinson en “El Elemento”:
“…Las escuelas públicas se crearon a imagen del industrialismo. En muchos sentidos, se las diseñó para respaldar a la cultura de fábrica, y es lo que reflejan. Esto es particularmente cierto en los centros de enseñanza secundaria, donde los sistemas escolares basan la educación sobre los principios de una cadena de montaje y la eficiente división del trabajo. Las escuelas dividen el plan de estudios en segmentos especializados: algunos profesores instalan matemáticas en los estudiantes, y otros instalan historia….”
Después de esta contundente descripción sobre la educación actual, donde poco espacio queda para la creatividad, te invito a que leas sus libros, o veas algunas de sus magistrales conferencias en TED.

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